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El deporte como símbolo de unión en la patria de Mandela
Fecha : 2010-02-09
Es en ese momento de orgullo exacerbado cuando la idiosincrasia aflora y las diferencias tranzadas por la sociedad desaparecen.
Fue eso lo que ocurrió en 1995, cuando los Springboks de Sudáfrica sorprendieron al orbe en el Mundial de Rugby que se celebró en casa. El país africano aún tenía frescas las heridas del apartheid, mientras que los colores del equipo recordaban una y otra vez el régimen del horror y las injusticias.
Un hombre fue capaz de ver en esa camiseta una oportunidad de reconciliación. A Nelson Mandela se le atribuye, el haber impulsado a la selección a llevarse la gloria del campeonato y sanar poco a poco, con una victoria a cuestas, el resentimiento y el odio que aún imperaba en la región.
Clint Eastwood se coloca de nuevo detrás de las cámaras para dirigir un relato anclado entre las historias cotidianas, el hecho político y las huellas que ambos dejan en la historia universal, tal como ya lo hiciera en Cartas de Iwo Jima, El Intercambio y La bandera de nuestros padres.
El responsable de llevar la piel del líder sudafricano y premio Nobel de la Paz es Morgan Freeman, con una actuación descollante que le ha valido reconocimiento con sendas nominaciones al Globo de Oro y al Oscar de la Academia.
Freeman copia al calco el talante, la dicción, las actitudes, el caminar y hasta los gestos del ex presidente que encaminó a su país hacia la libertad, el desarrollo y la riqueza, luego de estar sumergida en medio de la guerra y los enfrentamientos de color.
En el cuadro de actuaciones le sigue un sólido Matt Damon, que encarna a Francois Pienaar, el célebre capitán del equipo deportivo que se sensibilizó ante las palabras de Madiba y supo guiar, sin complejos, a sus hombres hacia un mejor destino.
La trilogía de figuras del celuloide logra construir una película intensa y atractiva para los amantes del deporte, que saben que detrás de las glorias de los atletas se hayan historias de humanidad. Sin embargo, el ritmo es lento y por momentos logra que la calma de la historia se convierta en desesperación del espectador por ver el final.
Si se logra superar el aburrimiento que a veces transmite la trama, se pueden apreciar con mayor acuciosidad los lazos fraternales que se establecen entre personajes opuestos, que incluso llegan a considerarse como enemigos. Los abrazos entre un niño de la calle y los policias, y el partido improvisado entre guardaespaldas son una muestra de ese universo paralelo que se desencadena al compás de la victoria.
La gloria de la película, naturalmente, se la llevan en grado superlativo sus actores y el deporte, ese eterno catalizador de emociones que con sus hazañas y espectáculo es capaz de redimir a los hombres y a los pueblos que los siguen.
Fuente: http://www.el-nacional.com/www/site/p_contenido.php?q=m/1/219/Blogs/El-deporte-como-s%C3%ADmbolo-de-uni%C3%B3n-en-la-patria-de-Mandela&id=121089
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